Durante la pandemia 2020, todo se detuvo, la rutina cambió de un momento a otro, esto también trajo consigo otras oportunidades de crecimiento tanto a nivel espiritual como a nivel académico. Si bien es cierto, desde siempre he sentido el gusto por lo mágico y paranormal, comencé a estudiar el tarot desde el 2008 sólo lo leía para mí, para mis amigos y conocidos. Todos ellos coincidían en mi asertividad. Sentía que era una responsabilidad muy grande, puedes ayudar, pero también perjudicar. Tomé cursos de tarot Marsella y tarot Rider-Waite y cuando llegó la pandemia, se abrió una posibilidad de aprender limpieza energética de personas y hogares, mediumnidad y defensa psíquica. No dudé en hacerlo. Mientras que en paralelo seguía capacitándome en la interpretación del tarot.
Hoy, realizo cada uno de los servicios que presto con mucha responsabilidad y sobre todo con mucho amor. Cada limpieza es única, es mágica para mí y para quien me consulta. El amor, el amor y la dedicación son la clave de todo.
Nuestro nombre nace de la llama Trina. Una llama que se ubica físicamente en nuestro corazón, en una cavidad llamada «Cámara secreta del corazón» y es el punto de conexión del cordón plateado de luz que desciende desde la presencia «Yo Soy» para sostener nuestra vida, dándonos propósito e integración cósmica. Este centro de energía posee tres llamas que son las transmisoras de los tres dones básicos divinos: El poder, representado por el color azul, la sabiduría representada por el color dorado y el amor representado por el color rosa.